“No hay que desanimarse: cinco rusos han removido al mundo. Nosotros somos veinte que podemos remover la América Latina” (Carta de Haya de la Torre a Eudocio Ravines, 17 de octubre de 1926).

sábado, 14 de noviembre de 2009

En Defensa del Congreso

Melendez en el Correo






     Conscientemente o no, la mayoría de medios de comunicación -de izquierda o derecha, prensa escrita, televisiva, radial, bloguera, nadie se salva- ha enfilado su puntería sobre el Congreso de la República, resaltando, semana a semana, escándalos y faltas de nuestros representantes. No hay un solo día en el que algún congresista no sea objeto -justificadamente o no- del empeño periodístico por desacreditarlo como legislador (ya sea por deméritos en su función, por presuntos delitos cometidos, o simplemente por simple discriminación social). Considero que la forma como se ha venido ejerciendo esta crítica es perjudicial para el fortalecimiento de la democracia en el país, porque no se hace un claro deslinde entre los congresistas como funcionarios electos, que ocupan temporalmente dichos cargos, y la institución legislativa como un pilar de la democracia.

El cuestionamiento desordenado y poco inteligente a los congresistas -guiado por un afán amarillista- va destruyendo paulatinamente la confianza en esta institución.

El hecho de que pongamos en duda la calidad de nuestros representantes no debería hacernos perder la fe en la utilidad y funcionalidad clave del primer poder del Estado. Lastimosamente, al no hacer esta distinción, la prensa involuntariamente (¿o no?) contribuye a minar su legitimidad.

Quisiera exagerar, pero en este sentido un gran sector de la prensa continúa practicando una prédica anti-política y anti-institucional que está a la altura de la más perversa versión del fujimorismo.

Que no nos extrañe entonces si el cierre de un poder democrático -el Congreso- termina siendo considerado como una causa popular en un futuro. Bajo estas circunstancias, obviamente, cualquier tipo de reforma política teóricamente sensata -ampliación del cuerpo legislativo, bicamericalidad, etc.-, que podría tener efectos positivos en la calidad de la representación nacional, resulta inviable en la práctica.

Los periodistas tienen una alta capacidad de influencia en la construcción de la opinión pública, pero tengo la impresión de que muchos no están a la altura de esta responsabilidad. Se prefiere el escándalo, el descalabro político, la noticia grotesca que busca atacar y hacer leña del árbol caído. Quizás la mayoría de nuestros congresistas sean indefendibles; pero el Congreso como institución es imprescindible.

Hay "campañas ciudadanas" en contra de congresistas, pero ninguna resalta la importancia de la función legislativa. No basta con exigir tener "mejores representantes" -¿es que acaso debería sorprendernos que siendo penúltimos en educación en Sudamérica tengamos un congresista que responde que el primer hombre en la Luna fue "un astronauta"?-, porque éstos no caen del cielo. Pero no vamos a pedirle peras al olmo, ya que nuestros críticos están más preocupados en la portada (¿o en el post?) del día que en la democracia como tal.

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